9.9.10

pecado
confesión
castigo
perdón
redención.

8.9.10

En la memoria la información almacenada es una representación isomórfica.

Puntería
Hacer puntería no es una cosa fácil:
hay muchos factores
involucrados.
Depende del viento,
la distancia,
el movimiento,
la luz,
y otras cosas más.
No es para nada como en las películas.

El arma en la mano es grande
y pesada. Inspira respeto.

Lo importante –me dice Dimitri,
prendiendo un cigarrillo
negro–
es mantener (siempre)
la frente alta
y el brazo firme
y ligeramente flexionado.
Y sobre todo,
no perder nunca de vista
el blanco.
Yo lo escucho atento,
empapándome la cara
con la briza
que se mete
entre los árboles
y me sacude la rompevientos
azul marino.

Apreto el gatillo con fuerza
y la latita de cocacola
no se mueve ni
un poco.
Ni el viento ni el estruendo
la sacan
de su lugar.

La sensación es increíble. Como
tomar droga
tocar a una chica
o subirse al samba por primera vez.

El estruendo
El revolver
es un Smith & Wesson
calibre .38 special –
me dice Dimitri, y le brillan los ojos
mientras pronuncia las tres palabritas en inglés–
Es un revolver gringo,
sentilo.


En el bolsillo dos balas doradas.
El tambor gira
y Dimitri apunta.
Gatilla en falso la primera. Vuelve a disparar.
Los segundos no son eternos: el fogueo del caño
es inmediato
y esta vez la lata sí vuela
por los aires
levantando un poco de polvo.

En los ojos de Dimitri
se enciende el peso
de cada balazo.

La angustia es una pelota enorme
en la garganta
una alarma sonando toda la noche.

Decime que soy lindo.
Decime ¿Vos me amás?
¿Te parezco atractivo?
No. Sos muy flaco.
Pero te quiero así.

Paf.
Otra vez en el blanco. Ahora
ruido de vidrios rotos.

Pavimento
El olor a pólvora quemada
me hace pensar en las navidades
en el centro
en la casa de mi abuela.
Había un balcón terraza y mis primos
encendían petardos que tiraban prendidos
contra los autos que pasaban
abajo.
Seis pisos y un estruendo
como apagado.
Yo era muy chico, decían ellos, y nada más
podía mirar.

Una vez participé:
fue aquella que encontraron una paloma muerta
entre las macetas, con el plumaje arremolinado
cubierta de tierra
y medio devorada por las hormigas.
Alguno de los tres le ató a la pata rígida un
rompeportones
y después fui yo el que se acercó a la mecha
con la cajita de fósforos temblando en la mano.

Es raro, pero pienso en esto
y la imagen que proyecto entre la luz y el ojo
es hermosa:
la continuidad de la vida interrumpida en un
microsegundo.

Escuchen todos:
el pensamiento también es el despliegue del mal.

La memoria es un baldío
es una cosa muy loca.
Y los olores son un gatillo bien lubricado
equilibradamente sucio
y cubierto de grasa de bisulfuro.
En los ochentas en Estados Unidos, estalló una escalofriante ola de alegatos como resultado del uso de las técnicas de recuperación de recuerdos. Montones de psicoterapeutas empezaron a señalar que el marcado estrés en los adultos era un signo derivado de un posible abuso sexual por parte padres, vecinos, docentes perpetuado durante la infancia. Mediante técnicas putativas para "recuperar" estos recuerdos perdidos, miles de personas eventualmente fueron convencidas de que habían sido abusadas por sacerdotes satanistas, encarnados en sus en sus profesores del jardín o incluso en sus padres, tíos, abuelos.
Este fenómeno social se conoció como Abuso Satánico Ritual y cientos de personas fueron puestas ante la justicia, sentenciadas por estos "crímenes" y llevadas a la cárcel.
La voz del viento es aburrida.
Mejor la televisión o el rock and roll
a todo volumen en la cocina de mi vieja
mientras la pava hierve y el sol supura en los mosaicos.

godoy godoy godoy