2.5.10

¿Hay algo que tu shampoo no pueda hacer?

Me decís que te estás sintiendo grande
como una pastilla de yapa,
con el viento entre los pelos sueltos
y un pañuelo al cuello,
prendiendo un cigarrillo con el encendedor
del del auto.
Y yo
te odio con pasión:

quiero frenar, arrimarme a la banquina
y matarte en el asiento de atrás,
entre los bolsos llenos de libros
y discos y ropa...
-y después sentarme a esperar
y a ver como se nubla todo y
empieza a sonar
una música oscura
como en una de esas películas
clase b de antes que mirás vos-
Pero no sé si quiero sangre.

Uno de estos días te voy a secuestrar
y te voy a llevar de rehén a algún país limítrofe
donde yo sea rey
y no me conozca nadie.
Te voy a dar de qué hablar.

Vos no vas a ser negra
(vas a seguir siendo blanca muy blanca)
pero vas a tener un bikini hecho
de cocos y hojas de palmera
cubriéndote el cuerpo
bronceado.

No todo va a ser hermoso:
a veces vas a gritar
y yo voy a tirar algo
contra una pared,

voy a sacar la ropa del placard
y la voy a desparramar sobre la cama
mientras los gatos corren asustados
a esconderse debajo de alguna mesa
o adentro de la bañadera,
y con la cara toda roja
y los ojos bien abiertos,
hablándome muy de cerca,
-casi tocándome con la nariz
sientiendome respirar-
me vas a decir
vení y rompeme los dientes a mi
vení que te escupo toda esta sangre
y podemos hacer cosas piolas
con esa violencia que
tenemos adentro
vení, ¡pegame!
no seas cagón
animate a crear con las manos
algo que sientas.
¿Qué no ves
que te estoy sonriendo aunque no quiero
sonreir?

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