13.2.10

foto: Marina Höxter


Qué se puede esperar de una ciudad que le da la espalda a su río.

Buenos aires crece descontrolada e imperfecta: es una ciudad superpoblada en un país desierto. Una ciudad en la que se alzan miles y miles y miles de edificios, sin ningún criterio: al lado de uno muy alto hay uno muy bajo al lado de uno racionalista hay uno irracional al lado de uno estilo francés hay otro sin ningún estilo. Probablemente estas irregularidades nos reflejan perfectamente: irregularidades estéticas y éticas. Estos edificios que se suceden sin ninguna lógica demuestran una falta total de planificación. Exactamente igual es nuestra vida: la vamos haciendo sin tener la más mínima idea de cómo queremos que nos quede. Vivimos como si estuviéramos de paso en Buenos Aires. Somos los inventores de la cultura del inquilino.

Cajas de zapatos.

Los edificios como casi todas las cosas hechas por el hombre están pensados para que nos diferenciemos unos de otros: hay un frente y un contrafrente.
Yo por mi parte estoy convencido de que las separaciones y/o divorcios, la violencia familiar, el exceso de canales de cable, la incomunicación, la falta de deseo, la abulia, la depresión, los suicidios, las neurosis, los ataques de pánico, la obesidad, las contracturas, la inseguridad, el estrés, y el sedentarismo son responsabilidad de los arquitectos y empresarios de la construcción.
De estos males, salvo el suicidio, padezco todos.


en Medianeras,
un corto de Gustavo Tratto

1 comentario:

  1. Me quito el sombrero!

    Yo jamás curtí la capital como se debe por no ser porteño. Pero las miles de veces que he tenido que atravesarla, dejarme tragar y vapulear por ella -ergo, toda mi fucking vida-, noté tal cual lo mismo.
    Lástima que siempre lo pensé y nuna lo dije.
    Por suerte siempre hay alguien, alguno, que habla por vos.

    Saludos, Sr. Judas!

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