6.2.10

(...)

"Algunas mujeres hablan como si fueran más altas de lo que realmente son y que eso las hace personas tristes", me dijo mientras me cruzaba una mano por sobre el pecho desnudo. Después me ofreció un Camel que prendió, acercándoselo a la boca, con la brasa de su cigarrillo. Yo pité en la oscuridad lo más hondo que pude y se lo devolví.Me sentía bien: hacía calor y afuera ya no llovía.


(Este texto no me convence. Este texto me convence.)

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