17.2.10

(...)

No es necesario que me mandes, perro,
El mar se asiste solo.
Lo más mísero del pelo contraría la rueda
Pero ya sabemos tonsurar el destino.

Estoy,
Por eso peligro.
¡Todo me empuja!
En la multitud un fósforo presume
Del futuro penacho.

(...)

No me ordenes nada,
No te obedeceré, y entonces
Será horrible.

Vómito de ojos.


J.F.C.
todavía sorprende

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