27.1.10

Del buen orden


Hace días que no salgo a la calle.
Abro la puerta y la noto pesada.
Casi sin pensarlo me pregunto
si se habrá terminado el mundo:
tengo una sensación
epidérmica extraña.

La humedad en la piel resbala
y molesta
como si estuviera nadando
en un piletón del almibar.

No veo un alma por ahí. Ni siquiera ladran los perros.
¿Qué día es hoy? Si el mundo se terminó
quiero registrar la fecha.

En una esquina los mismos pibes
de siempre
juegan al futbol con una pelota de
trapo
como esas de las que hablaba mi viejo
y que nada tienen que ver con las
plastibols naranjas que usábamos
en la primaria.

El mundo sigue ahí
Y yo debería alegrarme.
Debería.

Los pibes tiran pelotazos contra el cortinado
metálico
de un mayorista de lencería.
El punto del penal está a mitad de cuadra.
Estoy casi seguro,
hoy es sábado a la tarde
Y por las laterales a la avenida
no anda ni el viento.

El buen orden:
Los pibes en cuero patean y hacen blanco
en la cara de una modelo de cartel
que sonríe para ellos y cruza los brazos
por debajo de las tetas.

La morocha dulce les regala simpatía
y ellos le destrozan la cara
con la pelota.

3 comentarios:

  1. me encanto, abrazo. Te extraño amigo, cuidate.

    ResponderEliminar
  2. Los tres primeros versos bien podrían convertirse en canción. Pero si es música, yo le saco el "aunquesea".

    ResponderEliminar