30.11.09

La science des rêves.
M. Gondry.
2006—


«— Stéphanie, can you hold my hand. I can’t sleep.
She takes it. I fall asleep.»


La vida y los sueños ¿en qué punto confluyen? ¿En qué punto se invierten?
¿Qué pasaría si pudiéramos decir soñar como quien dice vivir o correr o amar? ¿Qué pasaría si pudiéramos decir vivir o correr o amar como quien dice soñar?
El azar es una de las cosas más difíciles de representar.

Cunado Stéphane Miroux conoce a Stéphanie la zambulle sin quererlo en una realidad azarosa. Construida en cartón y ensamblada con cinta de pintor y pegamento, el mundo que él crea para sí y para los que lo rodean está atravesado por una onírica verborragia que lo deja, de tanto en tanto, escaparse de sus miedos y fobias. Así es como en sueños, Stéphane, colecciona objetos hermosos que toma de acá y de allá y que Stéphanie construye para él. Objetos hechos de madera y fieltro, con costuras a la vista y botones. Cordiales, silenciosos. Objetos hechos con las manos de ella, con sus propias manos, “como si su cerebro fuera capaz de reproducir la sinapsis directamente a través de sus dedos”.

De eso se construye la trama de la película, que avanza y retrocede de a segundos, se repite, se corrige. Se engrandece en la ambigüedad, se funde.

Este es un filme que fluye y se mueve como las aguas de un río hechas de retazos de papel celofán celeste. Y que cuando finalmente abre los ojos, es para empezar a soñar despierto una realidad de ojos cerrados.

BIENVENIDOS A STEPHANE TV. El fin de la esclavitud a la hora de soñar.

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