14.7.09

A los dieciocho años le llegó la noticia de que su padre había muerto: sus siervos mancomunados, furiosos tras uno de sus brutales arranques de violencia provocados por la bebida, lo inmovilizaron en el piso y le hicieron tomar vodka hasta que los pulmones finalmente se le llenaron de alcohol destilado. Mientras seguía caido, todavía inconciente, le dieron de fumar; con sus fósforos le encendieron la barba empapada y lo dejaron a su suerte en medio de la noche moscovita. Probablemente lo que quedó tirado se lo disputaron los perros antes de que asomara la mañana.

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