26.7.09

La historia es así, el tipo se hizo famoso y le cambió la forma de mirar. Ahora apuntaba de costado, como decantando algo; la boca siempre fruncida, rígida y muy roja en ese rictus tan trabajado, casi como un tajo, a punto de atacar. Por esa época empezó a recortarse los bigotes y se dejó la chiva larga. El pelo también, le crecía graso y enrulado sobre los hombros bajos y macisos.
La autodestrucción golpeó a la puerta y él abrió, la dejó pasar y se tomaron unos tragos juntos; es el precio que se paga por compartir el alma con tantos.
"¿Qué es lo que te emparenta tan fuertemente al escándalo?", le preguntaron alguna vez: él contestó que de Sarmiento a Jorge Asís el escándalo ha sido siempre una herramienta para intervenir en el estatismo que reina en el hábitat de la lectura. La respuesta vino epilogada por un cabezaso en la boca de la entrevistadora. Los que estaban por ahí dicen que la vieron tirada en el piso, acuclillada, con una mano llevada a la boca empapada en sangre, buscando a tientas en el piso el par de dientes que le faltaban. De eso, él escribió una crónica maravillosa estando preso y una revisión a La educación sentimental de Flaubert.
Una ecuación sumamente simple, me parece. Más se contaminaba el tipo, mejor escribía. Una de esas historias malditas, de nunca acabar y haberes simbióticos... Una delicia literaria, qué va.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario