1.4.09

Con esta escena empieza la obra, con la desolación a cuestas de nuestros personajes como horizonte, como en una novela por entregas, en uno de esos momentos calmos de la existencia, como la quietud que precede a la tempestad donde nada se degrada, nada declina o arrecia, todo, simplemente, permanece.

(fragmento de un texto de M.P.)


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